Incorporar la educación intercultural en la formación de los sujetos es una tarea crucial si queremos avanzar hacia un desarrollo humano integral. Schmelkes (2013) destaca que “la interculturalidad supone que entre los grupos culturales distintos existen vínculos basados en el respeto y desde planos de igualdad” (p. 6). Esto no puede lograrse si seguimos formando profesionales desde una lógica homogénea y descontextualizada.
Desde el Doctorado, encuentro que la propuesta de Vidal (2005) sobre la hermenéutica y la transculturalidad permite ampliar nuestra mirada sobre el ser humano como sujeto complejo, situado y en permanente transformación. Su propuesta de “desconstruir el multiculturalismo como ideología” es una invitación a revisar críticamente las estructuras simbólicas que reproducen la exclusión. Formar en Desarrollo Humano desde una perspectiva intercultural es apostar por una sociedad más empática, más justa y más consciente de su diversidad.

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