domingo, 4 de mayo de 2025

Educación intercultural y desarrollo humano: una convergencia necesaria

Actualmente curso el Doctorado en Desarrollo Humano, y uno de los aprendizajes más significativos que he obtenido es el reconocimiento de la diversidad como eje fundamental del crecimiento personal y colectivo. Desde esta perspectiva, el enfoque intercultural no sólo tiene un valor ético y político, sino también profundamente humano. Las culturas no son únicamente estructuras externas; son modos de sentir, de relacionarse, de buscar sentido a la vida. 
Incorporar la educación intercultural en la formación de los sujetos es una tarea crucial si queremos avanzar hacia un desarrollo humano integral. Schmelkes (2013) destaca que “la interculturalidad supone que entre los grupos culturales distintos existen vínculos basados en el respeto y desde planos de igualdad” (p. 6). Esto no puede lograrse si seguimos formando profesionales desde una lógica homogénea y descontextualizada. 
Desde el Doctorado, encuentro que la propuesta de Vidal (2005) sobre la hermenéutica y la transculturalidad permite ampliar nuestra mirada sobre el ser humano como sujeto complejo, situado y en permanente transformación. Su propuesta de “desconstruir el multiculturalismo como ideología” es una invitación a revisar críticamente las estructuras simbólicas que reproducen la exclusión. Formar en Desarrollo Humano desde una perspectiva intercultural es apostar por una sociedad más empática, más justa y más consciente de su diversidad.

 

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